La masturbación se considera como una de las prácticas sexuales más comunes de todo la sexualidad humana. Veamos un poco sobre ella en cada etapa de la vida.
En la infancia, a la edad entre los tres y seis años, la masturbación es una forma de descubrir las diferencias anatómicas entre niños y niñas.
En la adolescencia la masturbación tiene un carácter erótico-biológico, es decir, de necesidad orgánica (por la acción hormonal). Chicos y chicas se masturban para aplacar la tensión sexual, así como para conocer el placer corporal y sus sensaciones afectivo-fisiológicas.
En la edad adulta, es una de las alternativas entre las posibles prácticas sexuales, y puede ser individual o con pareja, incluido dentro del matrimonio. Es una forma de sexo seguro y también de aplacamiento de las tensiones sexuales de la vida cotidiana. La masturbación mutua, o masturbación a dos normalmente se comienza a practicar en esta época
En la tercera edad, puede ser un reflejo de la falta de sexo en la pareja, especialmente en aquellas personas que, erróneamente creen, que la sexualidad termina cuando acaba la edad fértil (la menopausia en las mujeres y la pérdida de vigor físico y juventud en los hombres). También es otra posibilidad sexual entre la pareja.
Masturbarse significa estimularse con los dedos y las manos los genitales con el fin de proporcionarse placer e incluso llegar al orgasmo. Hoy, los especialistas en sexualidad, lo consideran un acto común y previsible, además de bueno, en el desarrollo humano. La masturbación provoca una gran sensación de placer y con ella aprendemos a conocer nuestro cuerpo, identificando las sensaciones y las partes corporales más sensibles al toque, y consecuentemente, al placer. Muchas personas ven la masturbación como una acción solitaria, como si el hecho de tocarse para proporcionarse placer fuera una actitud que se realiza sólo como sustituto del sexo. Pero esto es una idea errónea, pues la masturbación pude y debe incluirse en la vida sexual diaria de las parejas, incluso como una forma creativa y diferente de jugar en la cana, rompiendo con la rutina que , muchas veces, termina atacando a las parejas. La masturbación no debe verse como algo malo, puesto que es una posibilidad de práctica sexual que puede ser hecha incluso en pareja. La masturbación mutua puede ser muy bien aprovechada, cuando no se tiene la idea de muchas personas de que el sexo debe culminar con la penetración. Aquí la masturbación mutua es donde tiene su lado bueno. Si la mujer y el hombre se masturban mutuamente, se tocarán al mismo tiempo, conociendo las sensaciones que más les agradan, observando cómo al otro le gusta ser acariciado, la intensidad del toque..., se puede hablar de cómo nos gusta ser tocados y esto forma parte de un aprendizaje placentero, que hace que el sexo entre las personas sea mejor. Por eso, para la masturbación mutua, la confianza y la intimidad de la pareja debe ser grande. En este caso, la falta de intimidad puede ocasionar conflictos , inseguridad y desconfianza y a partir de allí surgir otros problemas. Por eso, la masturbación mutua debe ser afrontada como una opción más de la búsqueda del placer y conocimiento y nunca como una huída del acto sexual propiamente dicho. También facilita los cambios de posturas en la cama, el encuentro de lugares, y todas esas cosas que a veces pueden ser un tanto complicadas, por motivos de inhibición, como en el caso del 69, donde la mujer y el hombre practican mutuamente sexo oral. Usen la masturbación mutua de la forma que más les guste, pues es muy bueno saber que estamos tocando a quien gustamos y deseamos. Estamos dando placer y, si recibimos ese mismo cariño al mismo tiempo, la sensación de placer e intimidad crecerá y desembocará en un delicioso sentimiento en la pareja.
Adriana Sommer Sexóloga |